
Texto de Mario Azurza (elciruelosblog.com)
Fotos de José V. González
El reloj marcaba las seis, el ambiente estaba bastante jugón, la música era bastante mala… bueno, como cualquier otro fin de semana. Las canciones más comerciales -que por cierto: ¡me encantan!- sonaban sin parar al ritmo de las míticas chatis asiduas. Estas movían sus caderas a la vez que cantaban a pleno pulmón canciones como “Only girl in the world“ de Rihanna o “Loca” de Shakira. Yo les seguía el rollo, agarrándolas por la cintura y susurrándoles al oído las letras de aquellas empalagosas canciones.
La razón por la que nos encontrábamos ahí: ninguna, o no la recuerdo…
Solo quedábamos unos pocos en busca y captura de algún bar donde aguantasen a unos cocidos como nosotros. Lo habíamos cerrado todo, nos habíamos bebido hasta el agua de los floreros y… para qué nos vamos a engañar, no creo que a ningún hostelero le hiciese mucha gracia que dos degenerados como nosotros irrumpiésemos en su garito.
La noche cada vez se hacía más clara, y los afortunados que habían conseguido engañar a las pocas mujeres que quedaban se iban para casa con una sonrisa de oreja a oreja. Nosotros, como muchos otros, permanecíamos inmersos en nuestro globo personal producido por unos chupitos de más.
El hambre acechaba, y no existía mejor lugar para saciarnos que el kebab de la esquina convertido en after. Un sitio donde ya sabes lo que te vas a encontrar, ni más ni menos que gente como tú, gente que no encuentra lugar ni tiempo para pensar en volver a casa.
El local era oscuro y bastante turbio. La gente se amontonaba en masa a lo largo de la barra, unos pidiendo copas y otros comida. La música sonaba como si de una discoteca se tratase y el olor característico de esta clase de sitios nos incitaba a la aventura de comprarnos uno.
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T. y F.: Bruno Novoa
Galicia se escribe con G de grande, y no es para menos. Sus 1400km de costa está bañada por rías que nos ofrecen alternativas donde cobijarnos durante los maretones y, sobre todo, de mucha roca expuesta a mar abierto esperando un buen swell del oeste. La mayoría de las veces se hace referencia a la costa lucense de A Mariña o a Ferrolterra como iconos gallegos del surf. No obstante la zona sur de Galicia guarda un as en la manga, unos 30 kilómetros de costa que muere en la desembocadura del río Miño, frontera con Portugal. Ni una sola playa, es como ese pequeño pueblo galo que resiste el embate de los romanos, una costa bastante desconocida y recóndita repleta de roca. A la gente que viene de fuera suele intimidarle bastante el color oscuro del agua y la violencia del mar. En esta zona son frecuentes las intervenciones del helicóptero del 112 por marineros o pescadores incautos.
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Orio: Entre lo natural y lo artificial |

Texto y fotos de Igor Bellido
En las noticias de medio mundo no cesaba de repetirse una y otra vez los daños que las pruebas nucleares, en uno de los atolones de la Polinesia francesa, estaban causando en el ecosistema de la zona. Mientras, en un pequeño pueblo situado en el punto opuesto del planeta, un grupo de surfistas, que acababan de llegar a la playa, observaban con rostro insólito como Ibon Amatriain desaparecía durante varios segundos en la izquierda más perfecta que se había visto durante años en la playa de Orio. El espigón, que marcaría el fin de una época, estaba a mitad de construcción. Nadie podía llegar a comprender qué factores se habían dado para que el fondo de arena estuviera ofreciendo una ola de nivel mundial, muy semejante a la de Mundaka. Aquello nunca más volvió a suceder, aunque sigue muy presente en la memoria de unos pocos afortunados, que bautizaron aquellos días como Mururoa.
Estos hechos sucedieron hacia el año 1995, en aquella época la desembocadura del río Oria era un lugar temido por los pescadores durante los días de mar fuerte. Los insistentes intentos del ayuntamiento por amainar el efecto que el mar producía en la flota pesquera habían sido un fracaso hasta la fecha. Primero se construyó un espigón perpendicular a la playa para dar acceso a mar más profunda a los barcos, pero no funcionó. Luego decidieron continuar con tres espigones paralelos en la zona de la ría, para retener el mar en la zona principal de la desembocadura, tampoco funcionó. Probaron alargando el primer espigón unos cuantos metros y resultó más de lo mismo. El fracaso continuó por apalear uno de los graves problemas del pueblo, llevaron al ayuntamiento a aprobar un plan mucho más grande, lo que venía a ser una muralla de desproporcionadas dimensiones con la que bloquearían la entrada de la mar gruesa en la ría por completo. El proyecto se llevó a cabo, y la flota pesquera ahora puede salir a faenar con total tranquilidad. El punto negativo de todo esto se lo acabó llevando la comunidad surfera, la izquierda perfecta que se producía cerca del primer espigón acabó desapareciendo junto con otra derecha que rompía dentro de la ría. Los fondos de arena se estancaron y la ola empezó a cerrar con mayor frecuencia. A día de hoy, parte de la arena que había alrededor de la playa ha ido desapareciendo. El lodo del río avanza progresivamente hacia la playa y eso hace que el arenero que existe en la ría se vea obligado a extraer la arena en puntos más próximos a la playa. Los barcos pesqueros han descendido en número desde la construcción del espigón y ahora la mayor actividad naval es la del puerto deportivo. Ya no solo los surfistas son los únicos en darse cuenta de que lo natural del entorno está dejando de existir, ahora también la gente del pueblo observa cómo la calidad de la arena y el tamaño de la misma va aminorando y todos se cuestionan con más frecuencia si la construcción del espigón fue un error.
Las diferentes generaciones de surfistas del entorno de Orio ofrecen sus diferentes puntos de vista sobre la que probablemente fue una de las mejores rompientes de Europa.
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Los Príncipes de La Santa |

Texto y Fotos: Ginés Díaz
Son las 22:00 de la noche del jueves y recibo la primera llamada anunciando que mañana podría ser un día épico en La Santa. Al otro lado de la línea hay una voz dulce, de un cordero tierno… un corderito que es capaz de cazar los peces más grandes de la isla en apnea y de meterse en cavernas donde nunca nadie antes pudo meterse. Tubos enormes, a contra mano, desafiando todos los límites alcanzados por las pasadas generaciones de locales. Es Marco Imbernón (26 años) y me llama desde su furgoneta en Timanfaya. Trabaja de vigilante en los lugares más espectaculares de Lanzarote y… ¡Dios! no quiero imaginarme en las cosas que piensa este animal esas noches sabiendo los tubos que puede haber al día siguiente!!
No mucho más tarde recibo un mensaje en mi chat del Facebook; un mensaje seco y claro. Siempre son así de él: “¡mañana tubazos!”. Justo acaba de terminar de estirar después de su entrenamiento diario de boxeo. No le gustan las tecnologías pero le flipa mirar los partes a cada hora y mandarme uno de esos mensajes cortos que, viniendo de él, lo dejan todo claro. Manuel Lezcano (20 años) es lo opuesto a Marcos: es brusco, grande y no tiene voz pacífica… pero juntos son dos hermanos, dos mejores amigos y dos psicópatas que día a día sobrepasan los límites de una de las olas más conocidas de Europa: La Santa. Son los Príncipes de La Santa.
¿Cómo llegan a conocerse dos personas así? Es muy sencillo; cualquier persona con un afán tan cerrado en algo, con un vicio por las olas y tubos grandes, se encuentre donde se encuentre, por fuerza es una persona simpática, abierta a todo. Manu recuerda haber conocido a Marco en el este de Lanzarote, "Lo conocí en Caletón Blanco, en sus épocas de bachiller".
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Texto y fotos de Raúl Gunche
Padang, Sumatra, Indonesia. 20 de octubre de 2010, 5 cántabros, 2 vascos, un gallego, un astur, dos uruguayos y 2 franceses nos reunimos y partimos hacia las ansiadas islas Mentawai. Duración del viaje 12 días en el barco King Millenium II.
El comienzo es perfecto, la ola “Hollow Trees” muy buena y con un tamaño consistente de metro y medio. Surfing bueno todo los días en spots como “Lances”, “Rags”, “Thanders” y la joya de la corona indonesia “Greenbush”... hasta que la noche del 25 de octubre sobre las 22:15 pm hay un terremoto de 7,7 grados en la escala de Richter con un posterior tsunami muy cerca de donde nos encontramos.
El epicentro fue en la Latitud 3.484°S, 100.114°E. Profundidad: 20.6 kilómetros. En la placa tectónica de “Burma”, al sur de la isla de “Pagai”, 150 millas al oeste de “Bengkulu”. La alerta de tsunami no funcionó. Las boyas no estaban operativas por falta de mantenimiento.
Durante las siguientes horas se sucedieron 14 réplicas de hasta 6,2 grados. La falla donde se produjo el terremoto es la misma que en el 2004 destruyó localidades costeras de una docena de naciones bañadas por el océano Índico y causó 226.000 muertos
Este día, 25 de octubre, después de surfear “Rags”, Poto, dueño y guía del barco, nos lleva a un sitio tranquilo para dormir.
Son las 20 horas y Edu, el cocinero nos ha preparado una suculenta cena. Empezamos a mover el bigote cuando el barco arranca motores y se dirige a una zona aún más protegida y con el doble de fondeo. Nos preguntamos ¿Por qué movernos de sitio si estábamos de lujo? Pues no lo sabemos… pero al cabo de un par de horas “viva Poto y la madre que lo parió”, porque esa decisión será nuestra salvación. El nuevo punto de fondeo está en “Sikakap”, entre las islas “Pagai Utara” y “Pagai Selatan”, una zona de mucho calado.
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Surfeando el cuarto mundo
Por Pacotwo
Ya está decidido; tras discutirlo, chequearlo y volverlo a discutir un montón de veces, Indar Unanue, Juan Díaz-Terán y un servidor dejamos atrás nuestra aventura sudafricana y volamos rumbo a Namibia. Vamos a por ella, Skeleton Bay, New Cape St. Francis, Cory´s left o como quieras llamarla; sí, esa izquierda que nos dejó a todos atónitos en los fotos y vídeos. Somos conscientes que es muy complicado que las condiciones apropiadas nos cuadren, pero sabemos que encontraremos olas buenas y conoceremos un nuevo país, que no es poco. Namibia se ha convertido en los últimos años en un destino a tener en cuenta por las revistas de surf.
El pastel se descubrió a raíz de un concurso para buscar olas vírgenes a través de Google Earth. Se dice que ya hace años que gente como Randy Rarick ya la había surfeado, pero el hecho es que se había mantenido en secreto hasta hace poco.
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