
Hablar sobre un término tan filosófico como es la perfección en una revista de surf puede resultar un tanto pretencioso pero, si hay una ola en el mundo que se preste a ello, es esta.
Ciertamente todo es relativo, y lo que para unos es el súmum de la excelencia, para otros es imperfecto por muchas otras razones. Pero de lo que no cabe duda es que, por lo menos a nivel estético, esto es lo más parecido a lo que todo surfero dibujaba en el cuaderno de clase mientras el profesor nos daba la pelmada.
Estamos a mediados de agosto y se supone que los chicos deberían estar al calorcito en alguna playa europea intentando rascar alguna ola, pero Alain, Aritz, Indar, Marc y Palotes están al sur de África pasando un frío del carajo. Todo por una mancha roja, seguida de otra fuera de lo normal que se desplazan imparables desde el cabo de Hornos, atravesando todo el Atlántico, de sur a norte. Se juegan todo a una carta, Skeleton Bay. Si no sale bien el viaje habrá sido un verdadero fracaso, porque con el mar que se espera, todos los spots de alrededor estarán impracticables.
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AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS |

Hace unos años, realizando un trabajo fotográfico sobre los buscadores de oro en la isla de Lombok, encontré tirada una vieja Land Rover de 1959 y, en ese momento, pasaron por mi cabeza todos los lugares que podría descubrir en Indonesia con un vehículo así. La compré y la puse en un camión de arroz para trasladarla hasta mi casa y empezar a desarmarla.
Realmente, la única separación entre lo que había imaginado y la realidad era cuestión de dinero, y cuando todo empezaba a derrumbarse a mi alrededor sonó el teléfono. Era mi amigo Roli contándome que venía a Indonesia y tenía ganas de aventura, algo diferente. Empezamos a comentar que la olas que estábamos acostumbrados a surfear eran ya muy conocidas y estaban muy masificadas, así que le conté el proyecto que tenía en marcha e inmediatamente me dijo que me enviaría el dinero y el de cinco amigos más, con la única condición que tuviera todo a punto para llevar a cabo la expedición. Me puse a montar el vehículo y a prepararlo todo para que todo saliera bien.
Cargar un vehículo con tablas de surfing para salir a buscar nuevas olas junto a un grupo de amigos es una experiencia que regocija el alma como difícilmente otra lo pueda hacer. Pero si el punto de partida es Indonesia, con veinte o treinta días por delante y hay dos buenos swells llegando, la cosa se transforma en la materialización del sueño de toda una vida.
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Suena la alarma. Sigue siendo de noche y no verás el amanecer, pero así son todas las mañanas y así es la vida, así que no pasa nada. Te haces la tostada, te enchufas un café. Te disfrazas con traje, y por qué no, el de al lado lo lleva, así que también un tupé. Sintonizas las noticias e intentas interesarte por alguna tragedia que ocurrió en algún otro lugar, pero llegas tarde, así que no esperarás a la parte en la que dicen que hoy saldrá el sol, total, qué más dará, si te vas a pasar el día escondido entre paredes. Sales corriendo, y en el ascensor te das cuenta de que has olvidado afeitarte, la has liado, ya vas a estar todo el día preocupado por si el mundo te va a poner un parte. Pero espera, que cuando llegas al coche te das cuenta de que han vuelto a multarte. Necesitas un respiro, así que en vez de respirar el aire te enciendes un pitillo y en cuestión de segundos te lo has fundido. Aunque esta mañana te prometiste que de ninguna manera te verías enfadado, vuelves a estar completamente estresado. De repente nadie sabe conducir y le gritas al de al lado por acercarse demasiado y no saber reducir. Ya no hay marcha atrás, te das cuenta de que hoy nada ha cambiado. A ella le sigue gustando el otro por su bonito coche rojo, y nadie tiene tiempo de hablarte mirándote a los ojos. Corriendo sin cesar, ha pasado otro día de tu vida, y no has hecho nada de lo que podrás acordarte.
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Son las once de la mañana de un día de julio. Aparecen por la redacción de 3sesenta Eneko Acero y Jorge Imbert. Habíamos quedado para que nos explicasen un proyecto de reportaje para su próximo viaje.
-Vamos a ir a Maldivas un grupo bastante heterogéneo de surfistas. Alquilaremos un barco entre todos a buen precio, Eneko tiene un buen contacto... Eneko y yo (habla Jorge) representamos a dos generaciones, puede ser interesante mostrar nuestro surf actual. Nuestra idea es también la de traer material con gente que surfea bien pero que no son pros, para que los lectores vean un surf a su medida y en olas factibles para cualquiera. Solo nos falta conseguir un fotógrafo.
Una semana después de su visita, me llama Jorge Imbert: -“Al final no vamos a Maldivas porque no somos suficientes para llenar el barco y nos sale muy caro. Nos vamos a Sri Lanka.
Eeehhh... Bueno, hay un cambio de última hora. Resulta que Guillermo Cervera no puede entrar en Sri Lanka porque estuvo cubriendo la guerra de los tamiles y le expulsaron del país. Pero he encontrado un camp muy guapo en Sumatra, en un lugar que casi nadie conoce...
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Manuel Lezcano, Eric Rebiere y Marco Imbernón en lo que un día debió ser su otra casa, México.
Diría que teníamos la sensación de haber estado allí repetidas veces aunque nuestra realidad más tangible indicaba lo contrario. ¿Sería esa fuerte dosis de humanidad lo que hacía tan familiar el lugar? ¿La fuerza de todo? Solo sé que nunca tuvimos que irnos de allí y que una parte de nosotros permanecerá en el tiempo. Realmente fue un reencuentro con nosotros mismos.
La enérgica naturaleza hace que el lugar se mantenga salvaje en la medida de lo posible, la gente rebosa simpatía, la comida sabrosamente picante y las olas… ¡NO MAMES CABRÓN!
Playa Zicatela es la franja principal de surf en Puerto Escondido. Es un epicentro de gran oleaje. Su arena fina y gris crea una pendiente drástica a las profundidades del Pacífico que en este sitio, la neta, no tiene nada de pacífico.
Las olas masivas pueden llegar a sobrepasar los 6 metros y dejan a cualquiera pasmado con el esplendor de su potencia. Esto crea un contraste interesante con la tranquila avenida principal, sobre la cual se encuentra la playa. En esta calle uno puede toparse con todo tipo de restaurantes, cafecitos y hoteles que varían desde lo muy económico hasta algo más lujoso. Todo es muy accesible y esto le da un toque pintoresco.
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