
Orrua
Varios de los más experimentados surfistas de olas grandes han empezado sus andanzas en este mundo en la famosa ola de Roca Puta. Pero esta ola es tan solo el último eslabón de una serie de rompientes que se forman en la bahía de Orrua. Un lugar que no solo ha visto surfear a los más grandes, sino que también ha visto surfear a una de las primeras generaciones de surfistas de todos los tiempos de nuestro país. Esta pequeña bahía que pertenece al municipio de Getaria, pero que se encuentra a la par de Zumaia, ha sido el campo de pruebas de los más míticos surferos de Zarautz, Orio, Gros y Zumaia. Lo que sería la vieja escuela del surf en Guipúzcoa, y seguramente una de las primeras a nivel europeo. Siguiendo poco a poco las pistas que me ha ido dando toda la gente a la que he ido preguntando sobre la bahía, he recogido los testimonios de ciertas personas que han sido, son y seguirán siendo por siempre la historia viva de esta bahía.
|

Test de Tablas
En este número damos inicio a una nueva sección en la que experimentaremos con tablas de todas clases para todos los gustos. Actualmente existe en el mercado un surtido tal que podemos encontrar tablas de todas las formas y medidas imaginables, y el público es cada vez más exigente y más entendido. Todo el mundo sabe lo que quiere, una extensa profusión de medidas dependiendo del peso, del tipo de ola, del tamaño... pies, pulgadas, con absoluta precisión en el tamaño y grosor, en el nose y tail. Cada cual sabe lo que quiere, puedes sentir lo que era surfear una tabla de los años sesenta pero mucho más ligera, andar en un twin fin enano gracias a un extra de volumen y materiales más ligeros, hasta probar una alaia de madera, lo que quieras. Si lo puedes pagar, el mercado te ofrece todo lo que puedas imaginar.
|

Hablar sobre un término tan filosófico como es la perfección en una revista de surf puede resultar un tanto pretencioso pero, si hay una ola en el mundo que se preste a ello, es esta.
Ciertamente todo es relativo, y lo que para unos es el súmum de la excelencia, para otros es imperfecto por muchas otras razones. Pero de lo que no cabe duda es que, por lo menos a nivel estético, esto es lo más parecido a lo que todo surfero dibujaba en el cuaderno de clase mientras el profesor nos daba la pelmada.
Estamos a mediados de agosto y se supone que los chicos deberían estar al calorcito en alguna playa europea intentando rascar alguna ola, pero Alain, Aritz, Indar, Marc y Palotes están al sur de África pasando un frío del carajo. Todo por una mancha roja, seguida de otra fuera de lo normal que se desplazan imparables desde el cabo de Hornos, atravesando todo el Atlántico, de sur a norte. Se juegan todo a una carta, Skeleton Bay. Si no sale bien el viaje habrá sido un verdadero fracaso, porque con el mar que se espera, todos los spots de alrededor estarán impracticables.
|
|
|
AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS |
 |

Hace unos años, realizando un trabajo fotográfico sobre los buscadores de oro en la isla de Lombok, encontré tirada una vieja Land Rover de 1959 y, en ese momento, pasaron por mi cabeza todos los lugares que podría descubrir en Indonesia con un vehículo así. La compré y la puse en un camión de arroz para trasladarla hasta mi casa y empezar a desarmarla.
Realmente, la única separación entre lo que había imaginado y la realidad era cuestión de dinero, y cuando todo empezaba a derrumbarse a mi alrededor sonó el teléfono. Era mi amigo Roli contándome que venía a Indonesia y tenía ganas de aventura, algo diferente. Empezamos a comentar que la olas que estábamos acostumbrados a surfear eran ya muy conocidas y estaban muy masificadas, así que le conté el proyecto que tenía en marcha e inmediatamente me dijo que me enviaría el dinero y el de cinco amigos más, con la única condición que tuviera todo a punto para llevar a cabo la expedición. Me puse a montar el vehículo y a prepararlo todo para que todo saliera bien.
Cargar un vehículo con tablas de surfing para salir a buscar nuevas olas junto a un grupo de amigos es una experiencia que regocija el alma como difícilmente otra lo pueda hacer. Pero si el punto de partida es Indonesia, con veinte o treinta días por delante y hay dos buenos swells llegando, la cosa se transforma en la materialización del sueño de toda una vida.
|

Suena la alarma. Sigue siendo de noche y no verás el amanecer, pero así son todas las mañanas y así es la vida, así que no pasa nada. Te haces la tostada, te enchufas un café. Te disfrazas con traje, y por qué no, el de al lado lo lleva, así que también un tupé. Sintonizas las noticias e intentas interesarte por alguna tragedia que ocurrió en algún otro lugar, pero llegas tarde, así que no esperarás a la parte en la que dicen que hoy saldrá el sol, total, qué más dará, si te vas a pasar el día escondido entre paredes. Sales corriendo, y en el ascensor te das cuenta de que has olvidado afeitarte, la has liado, ya vas a estar todo el día preocupado por si el mundo te va a poner un parte. Pero espera, que cuando llegas al coche te das cuenta de que han vuelto a multarte. Necesitas un respiro, así que en vez de respirar el aire te enciendes un pitillo y en cuestión de segundos te lo has fundido. Aunque esta mañana te prometiste que de ninguna manera te verías enfadado, vuelves a estar completamente estresado. De repente nadie sabe conducir y le gritas al de al lado por acercarse demasiado y no saber reducir. Ya no hay marcha atrás, te das cuenta de que hoy nada ha cambiado. A ella le sigue gustando el otro por su bonito coche rojo, y nadie tiene tiempo de hablarte mirándote a los ojos. Corriendo sin cesar, ha pasado otro día de tu vida, y no has hecho nada de lo que podrás acordarte.
|
|
|
|
|
|
|
Página 1 de 10 |