| La fiebre del oro amenaza a Desert Point | |
Por Pablo Zanocchi En conversaciones, en revistas de surf, en videos y en el barrio, la gente escribe y describe la perfección de una ola diciendo: “como la que dibujabas en el cuaderno de la escuela”. Si bien es cierto que en el mundo hay muchísimas olas así de perfectas, Desert Point se lleva el primer premio, y si no lo hace, pega en el palo. Lo mejor que hay en la vida es meterse tubos y esto es precisamente lo que Desert te da: tubos sin descanso; uno detrás del otro. Y si bien, de alguna forma u otra uno puede definir a Desert en tres o cuatro secciones de tubos, la realidad no es así, pues el que se lleva la buena y hace las cosas correctas se puede llevar sus cinco o seis tubos en la misma ola. ¿Cuántas olas en el mundo te dan esto? Desert Point, la que por la famosa revista australiana Tracks, fue nombrada La Mejor Ola del Mundo, se suma al selecto grupo de aquellas que están en peligro de extinción. No es porque vayan a construir un muelle en el medio de su recorrido, ni tampoco porque a algún político bruto se le ocurriese encajar el final del caño colector de toda la mierda lombokense en la playa, ni tampoco van a construir un resort cinco estrellas frente a la ola. Es la fiebre, no la A H1N1, sino la del oro. Parece mentira, cuento de cowboys, pero cierto. Y todo comenzó hace menos de un año cuando, según cuentan los locales, un tío con suerte encontró una pepita de varios kilos de oro. Como todo en esto, el secreto –si es que lo hubo- duró poco y en menos de lo que dura un swell ahí, los campesinos cambiaron sus vacas por el equipamiento para buscar oro. Se pertrecharon de los rodillos que trituran las piedras y ahora se pasan día y noche buscando oro. Y no es cosa de locos, la realidad es que están encontrando y viviendo del oro que ellos mismos encuentran. |












