| Carta de diciembre para Esther García de Madrid | |
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Carta del mes
Una princesa en el pico
E. García-Rojo (Madrid)
Una fuerte remada. El take off algo adelantado y como siempre por encima del metro, muy vertical. El bottom de cara a la ola. 1, 2, 3,... 4 maniobras y fuera. ¡Joder que fácil surfear así¡ Unas pocas brazadas por el sitio y en el pico a repetir. ¿Dónde están las masificaciones del verano? ¿Los malos rollos por pillar una ola? ¿Tanta teoría a poner en práctica? Parece haber olas para todos, y no somos pocos. He contado antes de meterme; entre los 3 picos debemos ser 70 tíos. En cada ola parezco tener la prioridad. Me recuerda más una compe del WCT (una manga de semis entre Slater y Irons, en la que todos desean que pase ronda Slater. Y por supuesto Kelly soy yo), que un buen día de olas en la playa del Palmar. Gritos de ánimos desde la primera brazada, hasta los aplausos por mi fallido intento de aéreo con el que me gusta cerrar las olas. Luego, de regreso en el pico y después de las felicitaciones, parecen querer enseñarme una nueva maniobra o venderme la llave del éxito en los aéreos.
Cierto que es verano y las olas no son las del invierno. Pero en el agua estamos todos y no unos principiantes como pudiera parecer. Están los capos (que se reparten la playa) y sus comandillas y un montón de buenos guiris. No falta Marcos “el quebrao”, que posee la comicidad de un personaje de los Monty Python. Un tipo alto, desgarbado y muy flaco (todos los neoprenos le quedan muy por encima de los tobillos y las muñecas). Que o bien esta en el agua desbaratando todas las izquierdas que surfea o apoyado contra el muro de la torre devorando una novela. Por supuesto también está Fernando “el sueco”, perfecto estereotipo del surfer californiano ochentero. Le encanta el colorido; siempre estampado en sus bañadores o neoprenos y en sus tablas DHD. Moreno, músculo de gimnasio, extrovertido y simpático que al mínimo descuido te levantaría la chica o a tu propia madre. El primero es callado y muy reservado (sin dudarlo el mejor con una tabla bajo sus pies). Al otro le gusta estar rodeado de su sequito de bufones y lameculos que le ríen los malos chistes y le jadean en cada ola que rema y de las que parece ser el dueño. Todo un circo montado en el agua, con sus espectadoras en la arena, más pendientes de la posición del sol y de las cremas bronceadoras, que de sus gladiadores novios cabalgando las olas.
Entrado el otoño, todo parece cambiar. No es tan fácil coger olas, ni posicionarse en el pico. Y sin duda es mi mejor momento, entreno duro para estas olas. La bulla del verano se transforma en animadversión (ojos inyectados en sangre, bocas desencajadas que no dejan de vociferar improperios) y comentarios por lo bajo acercándote al pico. El caso que lo único que cambia es el tamaño de las olas y la temperatura del agua. Los caretos son los mismos que cuando Neptuno nos obsequia con un buen swell en agosto.
Posiblemente tenga mucho que ver los diminutos shorts que me empeño -los 3 últimos veranos- en ponerme y violan en cada pato que hago, y las lycras tan cortas y ceñidas que parecen dar dos tallas más a mis pechos. No este neopreno de ahora que deja sin mostrar las horas de natación y gimnasio del duro verano en Cádiz. Entonces sí. Todas las olas son mías, qué importa la prioridad. Yo las remo jadeada por una multitud de machitos condescendientes que tienen más neuronas en la polla que en el cerebro.
Qué valido el dicho de mis padres: tiran más dos tetas (en este caso un buen tanga) que... ya veis... una princesa en el pico.
SurfTrip
Kobe (Zumaia)
Un día de agosto. Después de muchos preparativos y dolores de cabeza, por fin comienza mi viaje. He dormido unas doce horas y empiezo el viaje relativamente descansado.
Destino: ZARAUZ, a unos 10 km de mi pueblo, sí, no os descojonéis que el viajecito tiene tela. Llego a Zarauz a eso de las 12:30 de la mañana aproximadamente. El primer contratiempo es claro "no puedo aparcar", llevo media hora intentándolo y mi mala ostia va "increscendo". Un amigo me ve, me dice que va a salir y que aparque en su sitio. Aparco y lo primero que hago es ir a por el dichoso papelito de la OTA y ponerla en la guantera.
Hecho lo más difícil, cojo la tabla y me dirijo a la playa. Al llegar no paro de mirar a un lado y a otro " parece que estoy viendo un partido de Nadal". No puedo creer lo que mis ojos están viendo. Hay unos 8888 surfistas en el agua, sin contar los miles de personas que se estan bañando. Es tanta la emoción que me embarga, que empiezo a dar saltos de alegría, ya que eso de estar solo en el agua me da un poco de miedo.
Entro en el agua, saludo, y un tío me contesta en alemán "eso es señal de que estoy lejos de casa". El baño trascurre sin más pena ni gloria.
Salgo del agua y cuando llego al coche me doy cuenta que me han puesto una multa. Me he pasado 20 minutos. Mi alegría ya es "inmensa".
Mientras me estoy cambiando me aborda una pareja, me preguntan por la Ertzaintza, ya que les han robado todo lo que tenían en la furgoneta (cabrones).
Cojo el coche, llego a casa y me doy cuenta que me falta el traje corto. Mierda, seguro que me lo he dejado en el pretil cuando hablaba con la pareja, 80 euros a tomar por culo. Bajo al bar, pido una birra y viene uno de mis amigos. Me dice que ha estado en Zarauz, que ha cogido unas olas de la ostia, que no había casi nadie en el agua, que había sitio de sobra para aparcar y que me había llamado y que a ver dónde me había metido.
Le contesté que estuve todo el día en la agencia de viajes mirando precios para un surftrip a Bali o a Mentas y que lo único que me echaba para atrás es que esas zonas se estaban saturando y solía haber muchos robos. "NO TE JODE".
El Chamán
Fermín Salgado (Barcelona)
Muy buenas, amigos de 3sesenta, mi historia transcurre en una playita solitaria del Pacífico Mexicano. Cuando me disponía a salir del agua después de una tranquila sesión con mis amigos, sentí un punzante dolor en el pie derecho, al salir observé que tenia una especie de Picadura de la que no paraba de salir sangre, así que mi chica improvisó un torniquete con su goma del pelo y regresamos al pueblo. Después de una interminable caminata bajo un sofocante calor, llegamos a una Palapa (nombre que reciben los Xiringuitos en México) para comer, yo estaba ciertamente preocupado por mi Picadura así que a la primera persona que nos atendió le pedí consejo sobre mi situación, el chico me dijo que era una mordedura de manta raya y que si no me curaba pronto podía quedar “Pior” y que solo existía un remedio con una planta que crecía lejos en las montañas. Imaginaros mi angustia, yo solo quería disfrutar de mis vacaciones surfeando con mis amigos y quien sabe cómo podía acabar mi pie por el veneno de esa bestia marina. Luego de lanzarme una mirada de complicidad, Hermenegildo me invitó a acompañarle, resulta que en el jardin del Xiringuito de al lado, crecía la tan preciada planta, así que meticulosa y discretamente arrancó unas hojas del jardín de la competencia. Ya de vuelta, mi nuevo amigo se fue a preparar un caldo con las hojas, cuando estuvo listo el mejunje, me pidió que me sentara en una silla, hizo un hueco en la arena para mi pie dio unos sorbos a mi cerveza y me la escupió en la picadura para desinfectármela. Mientras mis amigos engullían ostras y Coronitas heladas ajenos a la situación, el tipo empezó a chuparme el pie para expulsar el veneno, mi chica no paraba de sacar fotos de tan exótica situación; imaginaros las risitas y comentarios que tuve que soportar, luego me aplicó las hojas todavía hirviendo en el pie. Fue entonces cuando sentí un verdadero alivio, después de darle las gracias y los 200 pesos por aplicarme el antídoto que solo su papá y el conocían. La verdad es que se los di gustosamente, como si lo hubiera hecho toda la vida, el chamán volvió a su trabajo de aparca coches y yo pude disfrutar de la comida, de las risas con mis compas y de mi pie sano para seguir disfrutando de las olas mexicanas, así que lo importante no es el viaje sino las experiencias vividas en el camino, un abrazo ¡!
Pues yo sí me acuerdo
Alberto Caballero Romeu (Valencia)
Este verano viajé durante 23 días desde Capbreton hasta Sagres. En Francia tuve el placer de viajar con Octavio, Israel y Diego. En Cantabria estuve solo unos dias, pero como siempre, uno se encuentra a los mismos amigos año tras año y como no, también se hace algun que otro amigo nuevo. Desde Asturias tuve el honor de compartir mi viaje con Elena.
Soy Valenciano, de modo que salí de aquí, de Valencia, y conduje unos 4500 Km más o menos...
A dia de hoy, todavía está en el aire la pregunta -"Y tú? Que tal las vacaciones?"- y a esa pregunta la respuesta a día de hoy ya es -"Ya ni me acuerdo"-. Pues yo si me acuerdo...
Mi intención no es la de poner en conocimiento de todos vosotros mis periplos por las playas Francesas, Españolas o Portguesas, sino la de "saldar un cuenta pendiente" con la gente de la Playa España (En Gijón).
En primer lugar, daros la enhorabuena por el pedazo de playa (España) y por la calidad de la ola. También quiero decir que me sentí muy bien en el agua, rodeado de desconocidos, muchos locales y otros muchos no. Y es que como todos sabemos, en el agua somos muchos. Y digo muchos, que no demasiados... Creo que todo el mundo tiene el derecho de disfrutar del mismo modo que lo hacemos quienes con más o menos gracia y destreza nos deslizamos por las olas.
La cuenta que quiero saldar es la siguiente:
Como ya he dicho, este verano hice un montón de kilómetros en mi Opel Movano, transformada a vehículo vivienda. Y una vez en Cantabria, me saltó un chivato del cuadro de mandos que me indicaba que algo no iba bien del todo. Acababa de despedirme en Bidart de Octavio (que es además de mi amigo un pedazo de mecánico donde los haya). Ya se sabe... La Ley de Murphy...
En principio, la furgo funcionaba perfectamente por lo que no había por que preocuparse, pues hoy en dia los motores se autocontrolan con todo el tinglado electrónico, de tal modo que un chivato puede ser todo o nada. Un par de dias más tarde dejó de funcionar el velocímetro, que tal y como van los radares... Pero la furgo seguía funcionando perfectamente (aparte de que no sabía a que velocidad iba, por lo que iba "chafando huevos"). Una vez en Vega, la furgo ya mostró sus cartas en forma de humo negro irrespirable. Bueno, la furgo ya no iba bien!
Llamamos (Elena y yo) una grua y nos llevó a Autoprim, el taller Opel oficial de Gijon, donde la furgo fue intervenida de urgencia. La válvula de admisión de gases estaba... Vamos que no estaba, me la cambiaron al momento, pues se hicieron cargo de que la furgo era nuestra casa y se portaron de maravilla. Muchas gracias a todos.
El sensor del velocímetro lo tendrían al dia siguiente pero no tendría problema para circular de modo que nos fuimos a la playa España a aprovechar la tarde.
Cuando llegamos, las olas estaban perfectas. España estaba funcionando, sino de libro, casi casi!!!
Neopreno, tabla, beso y al agua!!!
Fue una sesión increible, la fuerza del agua, la forma en la que la ola cerraba un poco que me obligaba a esforzarme y a sacar todo el surf que tenía dentro en ese momento. La gente tambien un 10! Ni una mirada, ni un problema.
Al salir del agua con los ojos rojos, los hombros molidos, sed (mucha sed) y una necesidad imperiosa de comer lo que fuese que cayera en mis manos. Fuímos al chiringuito de la playa, unas cervezas y algo que comí en la furgo (con agua, toda la que pude) fué el remate de una tarde que iba a de menos a MÁS!
Cuando nos ibamos de vuelta a Vega... TODO SE DESENCADENÓ!!!
Al arrancar el tubo de escape arrojó la bocanada de humo más negro y con el olor más axfisiante que nunca había visto salir de un vehículo. Quise que se me tragase la tierra, la estaba liando a pié de playa, estaba llenando ese paraje natural de humo, humo y más humo... Acababa de romper el caudalímetro... Y yo cada vez estaba más avergonzado y más preocupado por TODO, la playa, la gente, la furgo, la situación. Sabeís que ´para llegar a este spot hay que bajar una fuerte y larga pendiente con curvas muy cerradas y un paso nada facil. Y mi furgo necesita una grua de plataforma que lo tendría muy complicado en bajar, cargarme y subirme... Y mientras la furgo daba tirones, el humo cubría todo y yo... Yo... Yo, cada vez que voy a la playa lleno una bolsa de basura y me llevo todas las colillas que la gente se "olvida" de recoger despues de haber pasado todo el día en la playa. Esto lo hago en Valencia, Asturias, Portugal y hayá donde vaya... Yo... No me podía creer lo que estaba sucediendo.
La gente que había surfeado a pocos metros de mi, la gente que se había mostrado tan amable, ahora veían como un tipo que no conocían de nada les estaba dejando el aire irrespirable.
Logré sacar la furgo de ahí abajo, fué un recorrido que se me hizo interminable, donde la furgo fué a trompicones en esas curvas tan cerradas, revolucionandose a su antojo y quedandose clavada cuando le venía en gana. Y no, no paró de tirar ese humo tan negro como mi conciencia en todo el camino de ascenso...
Fueron unas vacaciones estupendas. Con la compañia ideal, con el ratito de soledad que no solo me encantan sino que me ayudan a valorar más todavía la compañia tan bonita que tuve a posteriori (Elena). De los 23 dias surfeé 18, dos baños al dia y los otros 5 dias fueron los necesarios para los desplazamientos de un spot a otro. Condiciones ideales.
Pero mis vacaciones no han sido completas hasta este instante, ya que cuando llegué arriba con la furgo, cuando logré parar el motor en un lugar donde la grua podría venir a por mi sin problemas, le dije a Elena -"Cuando lleguemos a Valencia, voy a escribir una carta presentando mis disculpas a todo aquel que se viese afectado por culpa de mi avería. Esta gente se merece cuanto menos eso."-
Este es el motivo por el cual os escribo.
Muchas gracias por dejarnos unas páginas para poder expresarnos y ponernos en contacto a toda la comunidad surfística para compartir sentimientos, experiencias, vivencias, sensaciones... del mismo modo que compartimos el agua, la arena y en los dias buenos incluso sonrisas y parafina.
Un saludo.
Un abrazo.
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