| Antonio Aragón | |
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Santander, pero después de dar muchas vueltas por el mundo acabé en Nicaragua. -Vives en: Por el momento en Managua, Nicaragua. Aunque me muevo mucho. -¿Cuándo y cómo fueron tus primeros contactos con el surf? Tendría unos 15 años, estaba estudiando segundo de primero de BUP (eso sí lo recuerdo por la pila de clases que me corría). Meco, uno de los pioneros del surf en Cantabria (y en España), que era amigo de días en el tenis, nos fue metiendo a un grupillo de enamorados del agua la pasión por ser revolcados por las olas. Desde entonces (de eso hace ya 23 años) un sueño recurrente se apropia de las noches: Una izquierda interminable con tubos de infarto, mi querido 6,3”, una paradisíaca playa de agua cristalina y una linda morenita en la orilla, bajo un cocotero, con un tanga que te cagas… Primero me picó el mosquito del surf y me contagió su amor loco por las olas y el mar. Luego le llegó el turno al de la cámara oscura y la pasión de contar historias que ocurren más allá de la línea segura y conocida. Así que ya ves, jodido (y requetefeliz) por partida doble. ¿Cómo te formaste como fotógrafo y reportero profesional? Como fotógrafo de una forma autodidacta (y obsesiva) al principio y luego apuntándome a todos los talleres de la Universidad que pillaba. Desde entonces siempre he estado relacionado con este mundillo y metiéndome en mil proyectos (Profesor de fotografía en varias universidades, fundador y presidente de la Asociación de Fotógrafos Nostromo de Santander, director asociado de Graphos Producciones, miembro del Comité Fotoperiodismo Nicaragua…) Como reportero, consecuencia lógica de ser un apasionado del viajar y contar historias en lugares que no todo el mundo visita. ¿Qué tipo de acontecimientos has ido a cubrir en tus viajes? En los últimos años he cubierto un poco de todo en varias partes del planeta: desde el terremoto de Turquía, los campos de refugiados en Argelia, el Huracán Félix en Nicaragua, el hambre, la enfermedad y la muerte en el África más olvidado… pasando por cárceles, basureros, burdeles, psiquiátricos y orfanatos varios… y terminando (y sin olvidarlas por supuesto) con las historias realizadas en Centroamérica, mi base de operaciones desde ya hace varios años. |

