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Texto de Luis Rionda
Luis Rionda, surfista gijonés, llevaba siete meses de estancia en Indonesia cuando se vio sorprendido por el terremoto que azotó la región el pasado 30 de octubre. Así nos relata cómo vivió aquellos momentos en primera persona.
Miércoles, 30 de octubre del 2009, Padang, Indonesia, Hotel Emanuel.
Son las 10.30. Me despierto muy perezoso, más de lo habitual, sobre todo por esas voces que salen de la recepción del hotel, son unos turistas negociando por el precio de la habitación, tienen un acento muy raro. Me pongo el bañador y voy hacia la recepción del hotel, me quedo observándoles, intentando averiguar de dónde coño son, pero finalmente mi curiosidad gana la partida:
-¿De dónde sois, tíos?
-Somos de Marruecos -me contesta uno que tiene el pelo a lo afro, como de unos 30 años.
-No jodas -contesto-, ¿de qué parte?
-Kenitra-contestan.
Son como unos 6, parecen majos.
-¿A dónde vais?
-Vamos a las islas Mentawais. ¿Qué tal están?
-Os aseguro, tíos, que vais a coger las olas de vuestra vida,
Entonces recuerdo que tengo que hacer unas cosas en Internet.
-Tíos -me despido- nos vemos luego, tengo que mirar unos billetes de avión.
De camino a Internet me encuentro a unos neozelandeses grandes, cuarentones, que
se alojan en el mismo hotel que yo. Llevan más de una cerveza encima y me invitan a beber con ellos. Yo rechazo su oferta amablemente.
Me dirijo al salón de Internet en el que ya había estado y me siento en el suelo para ocupar un ordenador. No pasan ni 10 minutos cuando noto que todo empieza a temblar, computador y ratón: ¡dios!, ¿qué coño es esto?, es un temblor de tierra. Me levanto y salgo hacia la calle y veo que todo el mundo corre hacia la carretera y yo hago lo mismo. Aquí fue donde empezó todo.
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En estas páginas presentamos a varios chavales que van a dar mucho de que hablar. Primero Gabriel Medina, la sensación del King of the Groms. Ganó la final marcándose dos 10’es perfectos. Dicen que tiene madera de campeón del mundo. Y aprovechando la visita de los pros al Billabong Mundaka PRO, juntamos a unos juniors locales con algunos de sus ídolos para que les cosieran a preguntas.
Nombre: Ry Craike
Edad: 24
Ciudad donde resides: Kalbarri, West Oz
Local Spot: Jakes Point
Años surfeando: 19
¿Cómo fue tu entrada en el mundo del surf? ¿Tuviste el apoyo de tu familia?
Sí, tengo la suerte de tener una familia que me ha apoyado de verdad. Mi padre ha sido un surfista integral desde que tengo memoria, él me inició en el surf.
¿Dónde surfeas habitualmente y cuáles son tus spots favoritos?
Me gusta surfear por toda West Australia, las olas son tan buenas como en cualquier otra parte que yo conozca. Muchos de mis spots favoritos son bastante secretos, así que prefiero no nombrarlos, todo lo que puedo decir es que son “mental waves”, tipo slabs muy cañeros y largos, la mayoría izquierdas donde raramente entra nadie.
¿La mejor y la peor experiencia haciendo surf?
Es difícil coincidir haciéndote tubazos con tus amigos en olas perfectas, así que cuando ocurre, seguramente ese es el mejor momento. No me gustan las multitudes, las considero lo peor del surfing, así que reconozco que es lo que más me desagrada cuando surfeo.
Cuéntanos alguna movida de tus surf trips…
Hace poco hicimos un surf trip a unas islas remotas en el barco de mis padres, nos comimos un temporal de la ostia y resultó bastante peligroso navegar durante cinco días por mitad del océano. Pero el último día cuadramos un buen baño, así que mereció la pena.
Entrevista a Jordy Smith
¿Cuantas olas entrenas al día? ¿Cuanto de surf y cuánto de física?
Cuando tenía vuestra edad surfeaba unas 6 o 7 horas al día, pero únicamente los fines de semana. Ahora surfeo relativamente poco y hago más ejercicio físico para mantenerme en forma: entreno unas dos horas al día y surfeo cuando hay buenas olas.
¿A qué edad empezaste a surfear? ¿Y cuando empezase más en serio?
Empecé a surfear cuando tenía 4 o 5 años pero más en serio a partir de los 7 años. Tenía mucha suerte por que mi padre era shaper y siempre estaba por la playa y me llevaba con él; empecé a surfear con el. Empecé a competir con unos 7 años. Todavía me acuerdo de mi primer campeonato. La noche anterior nos reunieron a todos los competidores y nos contaron las reglas… y yo entendí que para ganar la manga había que ser el primero en coger 3 olas. Cuando me tocó mi manga al día siguiente, salí disparado hacia el agua y cogí –sucesivamente - las 3 primeras espumas que encontré para volver corriendo a la orilla dando brincos de alegría pensando que había ganado mi manga… hasta que mi padre me preguntó qué hostias estaba haciendo?!? Y me gritó que volviera al agua y cogiera olas de verdad hasta que se acabase la manga… Parece ser que yo no me había enterado de nada; yo pensaba que era una carrera.
¿Cuando empezaste a viajar y con quien?
Mi primer viaje fue a Australia con mi padre. Yo tenía unos 12 o 13 años. Había ganado el circuito de mi edad en Sudáfrica y el premio era un billete de avión a Australia. Y me fui con mi padre un mes a Australia a surfear.
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Los CT’s en Europa. Quiksilver Pro France y Billabong Pro Mundaka
El domingo 27 de setiembre por la tarde, el titular principal de la web de Surfline, la más importante del mundo del surf, decía así: “Mick Fanning bate a Bede Durbidge en una final 100% australiana. La lucha por el título se mantiene en el aire.” Al titular le sigue un artículo muy trabajado sobre las posibilidades de Mick Fanning por hacerse con el título, ya considerado como favorito dada una supuesta lesión en el tobillo de Joel Parkinson, incluyendo algunas declaraciones de Mick (todo ello aderezado con la incomodidad de las nuevas publicidades en internet, que te llevan a abrir páginas no deseadas al pinchar en la noticia y te pierden por la red si no estás atento).
Hace quince años, un titular así, en cualquiera de las revistas de surf esparcidas por el mundo, sería impensable por lo de arriesgado que tendría hacer una predicción que sería publicada 20 o 30 días más tarde (en el mejor de los casos). De hecho, para cuando esta revista salga a la calle, ya se habrá celebrado la prueba de Peniche; y a falta tan solo de la última prueba en Pipeline, seguro que el escenario será diferente.
Internet ha revolucionado en poco tiempo –aunque progresivamente- el tratamiento informativo que se les da a los campeonatos en los medios tradicionales impresos y en los digitales.
Hasta hace diez o quince años, las editoriales nos arreglábamos como podíamos para aguantar el cierre de edición hasta el último momento y poder meter las clasificaciones de tal evento que acababa el fin de semana, para publicar la noticia “fresca” con solo quince o veinte días desde que finalizara el campeonato. Eso, hoy día, en que se puede seguir cada campeonato en vivo, sería considerado una ridiculez. Los campeonatos de surf ya no tienen ningún interés informativo para los medios impresos, el interés se centra en todo lo que se genera alrededor del evento, propiciado por la concentración de los mejores surfistas y las mejores olas.
Gracias a internet, la información llega fresca y rápida, instantanea,... pero ¿y en cuanto a su calidad?
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Por Pablo Zanocchi
En conversaciones, en revistas de surf, en videos y en el barrio, la gente escribe y describe la perfección de una ola diciendo: “como la que dibujabas en el cuaderno de la escuela”. Si bien es cierto que en el mundo hay muchísimas olas así de perfectas, Desert Point se lleva el primer premio, y si no lo hace, pega en el palo.
Lo mejor que hay en la vida es meterse tubos y esto es precisamente lo que Desert te da: tubos sin descanso; uno detrás del otro. Y si bien, de alguna forma u otra uno puede definir a Desert en tres o cuatro secciones de tubos, la realidad no es así, pues el que se lleva la buena y hace las cosas correctas se puede llevar sus cinco o seis tubos en la misma ola. ¿Cuántas olas en el mundo te dan esto?
Desert Point, la que por la famosa revista australiana Tracks, fue nombrada La Mejor Ola del Mundo, se suma al selecto grupo de aquellas que están en peligro de extinción. No es porque vayan a construir un muelle en el medio de su recorrido, ni tampoco porque a algún político bruto se le ocurriese encajar el final del caño colector de toda la mierda lombokense en la playa, ni tampoco van a construir un resort cinco estrellas frente a la ola.
Es la fiebre, no la A H1N1, sino la del oro. Parece mentira, cuento de cowboys, pero cierto. Y todo comenzó hace menos de un año cuando, según cuentan los locales, un tío con suerte encontró una pepita de varios kilos de oro. Como todo en esto, el secreto –si es que lo hubo- duró poco y en menos de lo que dura un swell ahí, los campesinos cambiaron sus vacas por el equipamiento para buscar oro. Se pertrecharon de los rodillos que trituran las piedras y ahora se pasan día y noche buscando oro. Y no es cosa de locos, la realidad es que están encontrando y viviendo del oro que ellos mismos encuentran.
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Texto: Pacotwo
“El que está acostumbrado a viajar, sabe que siempre es necesario partir algún día.”
Paulo Coelho
Este viaje se gesta de calentada 4 días antes de salir; un vuelo barato, probablemente por la paranoia generalizada de la gripe A, hace que nos movamos rápido. Nuestro destino, una zona centroamericana apenas explotada en términos surferos, donde para llegar a muchos de los spots de la zona es imprescindible un 4X4. Los integrantes, Indar Unanue, con el que ya he viajado un montón de veces, y Borja Agote, un joven surfero local de Gros que pronto dará mucho que hablar.
La razón por la que la mejor temporada de olas es verano, es sencillamente por la orientación de casi toda la costa centroamericana, que mira hacia el sur. Recibe de lleno las olas que forman las borrascas invernales del hemisferio sur, y al recorrer tantos kilometros, las marejadas llegan con mucho periodo y muy ordenadas.
“Aquel que quiere viajar feliz, debe viajar ligero.”
Antoine de Saint-Exupery
Salir disparado a un destino fácil y con todas las comodidades no suele ser un problema. Pero cuando el destino está fuera de las rutas turísticas y apenas tienes tiempo para preparar el viaje, la improvisación suele ser el único recurso que tienes para salir adelante.
La verdad es que el viaje no empezó nada bien. Desde aquí queremos agradecer a Air France que nos perdiese todo el equipaje durante los 3 primeros días que, cómo no, fueron los de olas más grandes del viaje. Errar es de humanos, pero disculparse y tratar de solucionar las cosas también… cosa que no hicieron en ningún momento.
Sin tablas, sin ropa para cambiarnos y muy cabreados pasamos nuestros primeros días en Centroamérica. Además la agencia de alquiler de coches no nos consigue el 4X4 que nos había prometido.
Llueve a cántaros y tardamos unas 6 horas en recorrer los apenas 200 km que separan el aeropuerto de la costa. Definitivamente nada puede ir peor.
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