Espiritu de surf por Alberto Agirre

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Desde pequeño has frecuentado playas. El mar te es familiar. A los veintitantos decides aprender. Entonces tus vistas a la playa son algo más. Observas el ancho mar, la rompiente exhibe una fuerza intimidatoria. La fuerza nace mar adentro. Es una onda que la origina el viento con su persistencia y dirección. Se dirige hacia nuestra costa disipando en su camino parte de su energía. En la cercanía a la costa el fondo de la playa y su orientación darán forma a la ola. Ves que diferentes factores meteorológicos nos brindan multitud de posibilidades al tiempo que dificultan la predicción de las olas que disfrutarás pero al final la experiencia te lleva a dominar estos factores en tus playas habituales.

Sales del coche, preparas tu material, no hay frío que pueda frenar tu ansia de surfear. Contigo esa mayoría de practicantes de surf que surcan las olas todo el año a pesar de las inclemencias meteorológicas. Miras la tabla con familiaridad. Sabes que es tu seguro en el agua. Nunca se va a hundir. Por su uso frecuente presenta abolladuras. Puedes sentir la dirección y la fuerza del viento que ya habrás visto antes en la página de predicción de olas. El viento norte rasca por detrás las olas haciéndoles saltar una rebaba de espuma que limita el recorrido de bajada en la tabla. El tiempo sur amplía el recorrido de bajada y posibilita la formación de olas de tubo en algunas playas. El frío es solo circunstancial. El equipamiento de neopreno te protege de ello. Te atas el invento con el que eres uno con la tabla.

Tabla en mano te diriges al agua a trote. El mejor calentamiento para esos movimientos de piernas en el agua. Puedes sentir la arena bajo tus pies. Irrumpes en el agua. Comienzas a sentir la fuerza real de las olas que enfrentarás, tu fuerza contra la del mar. En el agua los de siempre buscando romper con todo. Se acerca la serie. Comienzas a remar con una remada de aproximación. La ola se acerca y realizas una remada de arranque, sientes que la ola te lleva y de un solo movimiento te pones de pie arqueando las piernas. En ese preciso instante de pies algo te lleva. No es tu peso, no son unas ruedas, tampoco tu fuerza. Si te agachas coges velocidad. Si te estiras de pie frenas. Un giro de vista hacia un lado te llevará a ese lado. La mejor de las maniobras será la bajada directa de una ola grande. Se aproxima y no sabes si vas a poder realmente hasta que no vas. La mejor compañía, alguien de tu nivel. La mejor de las temporadas, otoño e invierno cuando el verano parece no terminar al venir las mejores olas del año. Tras una ola quieres otra. Olas son sueños.  Liberas adrenalina una y otra vez. Cuando no puedes surfear sientes que te falta algo y buscas otros retos.

Cuando has bajado olas grandes pierdes el contacto con la realidad. Solo te comprenden los que están contigo en el agua.

Surf to live, live to surf.